LOS CAMPOS

Cuando va llegando la primavera, la Ganadería Orellana Guillén va dando fe de lo que han sido 11 largos meses de espera para ver nacer a sus magníficos potros de las distintas líneas del P.R.E., de cuya unión nace nuestra propia línea. Es entonces momento para soltar a las madres y sus nuevas crías para que pasten en nuestras tierras sembradas de avena y cebada, que ya están preparadas para proporcionar alimento a las yeguas y a los recién nacidos a los que se les pueden observar los magníficos rasgos de su distinguida Raza. Así pasan sus primeros meses hasta que llega el momento del destete y de la primera tuza, todo ello con la mirada atenta de D. Fco. Orellana y Cándido Esquinas, sobre las primeras reacciones de los potros, examinando una a una las virtudes que los añojos comienzan a manifestar. A partir de entonces comienza ese minucioso sistema de selección que tanto con cariño como con objetividad se realiza. Llegado el otoño, las yeguas siguen sueltas en el campo y vuelven a estar preñadas de nuevo. Empiezan a escasear los pastos, así que se incrementa la dieta de los animales con avena y alfalfa; ésta última sirve de alimento durante todo el año, mientras tanto, la labor en la finca sigue su curso y los nuevos ejemplares son diariamente observados y entrenados para liberar nuevas cualidades hasta que llega el invierno, y con este, el momento del Herradero de los potros nacidos en primavera. Nuestro hierro, consistente en la fusión de las letras “O” y “G” simbolizan el apellido del ganadero y de su señora y será puesto con esmero en la nalga de cada potro por él mismo, ayudado de varios trabajadores de la finca.

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